La izquierda supuestamente
anticapitalista/verde que integra Junts pel Sí, encarnada en su cabeza de
lista, Raül Romeva, no considera un inconveniente el hecho de que un nuevo
Estado (capitalista) catalán se vaya a ver obligado a bajarse –aún más– los
pantalones ante las instituciones europeas para que Cataluña sea (re)admitida
en la UE. Tampoco le ha hecho demasiados
ascos a ir de la mano con unos socios políticos, no solo capitalistas, sino
corruptos.
Se les ha llenado la boca de
“democracia”, pero, como dice José Ignacio Torreblanca hoy en El País, “es bastante plausible
aventurar que una futura constitución catalana en modo alguno incluiría un
derecho simétrico a decidir sobre la estatalidad en los mismos términos
empleados para la secesión, es decir, que bastara una mayoría de escaños en el
Parlament o una consulta popular para desencadenar una unión con España”.
Por su lado, pero en el mismo
sentido, parte de la izquierda radical (?) y anti UE no parece darse cuenta
(impropio de comunistas o “anti-sistema” –sic–) de que ha hablado más de Nación y de pueblo (nociones ambas surgidas de la ideología dominante, id est,
capitalista), o de "derecho a decidir", que de explotación. Y no solo me refiero a la explotación visible (la mujer, los
pobres, los parados…), sino también la invisible, esa que nos afecta a todos al
dar por hecho que hemos nacido “libres”, como si no hubiéramos nacido todos en
una historia muy concreta, con sus lógicas productivas y la ideología que las
legitima. ¿Qué tiene que ver la “identidad catalana” con la explotación de las
vidas cotidianas? Nada. Pero el inconsciente ideológico es así: nos traiciona
siempre.
Mañana, antes o después de ir a
votar (da igual), podrían algunos pasar
por los quioscos y llevarse, con El País,
por solo 9.95€, un librito divulgativo sobre Gramsci y Althusser. Les vendría
muy bien para refrescar algunas ideas sobre la “lucha”. Yo lo haré. Es muy
simple: si se quiere luchar, no ya solo contra un Estado, sino contra las
instituciones del poder global gobernadas por la derecha (el capital), las
secesiones nacionalistas no sirven para nada: son un paso atrás.
Pues bien, resulta que uno de los
partidos de “centro” ha hecho una campaña mucho más convincente y coherente, y
más de izquierdas que la de la izquierda –mal llamada– radical catalana, al hablar
de listas del paro o de la sanidad donde no se hace distinción entre
independentistas y unionistas; que no le da relevancia a los penosos altercados
de banderas; que habla de que han de pagar más los que más tienen, y más, los
corruptos, etc. Cosas que a un Jiménez Losantos le parecieron en su día
populistas o anti-liberales. Lo doy por bueno como punto de partida.
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